Cada niñ@ puede tener un tipo de inteligencia. Proponemos hoy un enlace a un blog en el que, de una forma muy interesante, se nos habla de los diferentes tipos de inteligencia y cómo potenciar cada uno de ellos. Esperemos que sea para todo el mundo interesante y, si lo desean, pueden participar comentándolo.
http://blog.deberesenfamilia.com/2013/10/tiposdeinteligencias.html
Pues es un excelente post. Para mi puede servir para cul¡alquier persona, no solo para los niños. Creo que todos deberiamos de leer el enlaces, está muy interesante y creo que puede llegar a ayudar a muchas personas. Desde mi empresa(licencia de apertura) le damos la enhorabuena por el gran trabajo en este post y en el blog en general.
La madera, ese material noble que tantas veces ha sostenido nuestros techos, nuestras paredes y nuestras emociones. Es cálida, es bella, es versátil. Pero también es combustible. Y en un mundo donde los incendios no piden permiso, ignifugar madera no es un lujo: es una necesidad imperiosa. Una forma de anticiparse al desastre y de ganar tiempo cuando el tiempo es lo único que separa la vida de la tragedia.
Podemos romantizar su origen natural, su aroma, su textura... pero no podemos ignorar su composición. Celulosa, lignina, carbono. Ingredientes inflamables por excelencia. La buena noticia es que, a diferencia de otros materiales, la madera no cede de inmediato. Tiene un comportamiento predecible: arde de fuera hacia dentro, lentamente, permitiendo ganar minutos cruciales si ha sido correctamente protegida.
Es ahí donde entra el tratamiento ignífugo. Aplicarlo es como entregarle un escudo invisible. Un escudo que no detiene el fuego, pero sí lo frena. Y cuando hablamos de fuego, frenar es ganar.
A estas alturas ya no se trata solo de cumplir normativas, sino de actuar con responsabilidad. Porque lo importante de las ignifugaciones en cualquier estructura en la actualidad va mucho más allá del código técnico o del sello de calidad. Es una cuestión de sentido común, de anticipación, de respeto por quienes ocupan esos espacios.
Y es precisamente esa conciencia la que guía el trabajo de profesionales especializados en ignifugaciones, que no solo aplican productos, sino que diseñan soluciones a medida según la estructura, la ubicación y el riesgo.
No todas las maderas son iguales, ni todos los fuegos se comportan del mismo modo. Por eso, existen distintas técnicas para ignifugar madera, adaptadas a cada caso. Pero todas comparten un objetivo común: ralentizar el avance de las llamas, minimizar los daños y facilitar la evacuación segura.
En ciudades como Barcelona, donde la arquitectura tradicional convive con estructuras contemporáneas, el reto es aún mayor. Muchas construcciones mantienen elementos de madera expuestos, visibles, integrados en la estética del edificio. Ignifugarlos sin alterar su apariencia requiere experiencia y precisión. Para quienes trabajan en ignifugaciones Barcelona, esto es el pan de cada día.
La combustión de la madera ocurre por etapas. No se transforma en cenizas de un momento a otro. Es una reacción en cadena que puede describirse como una cuenta atrás:
Sin protección ignífuga, este proceso se desarrolla sin resistencia. Pero si la madera ha sido tratada adecuadamente, ese tiempo de avance se multiplica. Y en un incendio, esos minutos marcan la diferencia entre salvar una vida o lamentar una pérdida.
Para entender más en profundidad esta protección sin renunciar a la estética, recomendamos este excelente análisis sobre la cuestión: Ignifugar madera: ¿es posible protegerla del fuego?
No existe una única forma de proteger la madera frente al fuego. Lo importante es aplicar el sistema adecuado para el uso y ubicación del elemento estructural:
Se realiza en autoclave, bajo presión. El producto penetra en las fibras de la madera, alcanzando incluso el núcleo. Ideal para vigas, pilares y estructuras portantes. Su resistencia y durabilidad son superiores, aunque su aplicación exige planificación previa.
Más sencillo de aplicar in situ, aunque con una protección más limitada. Existen varias modalidades:
Los productos empleados en estos tratamientos han evolucionado notablemente. Hoy en día contamos con soluciones seguras, estéticas y compatibles con cualquier estructura:
Ideales para estructuras ocultas o con requerimientos técnicos específicos. No liberan gases tóxicos, resisten temperaturas de hasta 1200 °C y proporcionan aislamiento acústico adicional.
Perfectos para interiores o espacios donde la madera está a la vista. No alteran su apariencia, pero sí aportan una capa invisible de protección activa.
Altamente eficaces, aunque sacrifican la estética original. Recomendadas en espacios industriales, almacenes o estructuras técnicas donde prima la funcionalidad.
La respuesta es directa: se corre un riesgo innecesario. Y no hablamos solo de pérdida material. Hablamos de vidas. Una chispa, una sobrecarga, un accidente eléctrico… y la madera, si no está protegida, se convierte en el combustible perfecto. La ignifugación es una medida preventiva que transforma un potencial desastre en una emergencia controlable.
En muchos casos, además, es una exigencia legal. Pero incluso donde no lo es, debería considerarse una obligación moral. Porque una estructura no es solo una estructura: es un refugio, un lugar de trabajo, una vivienda, un colegio.
Ignifugar madera no es una moda ni una ocurrencia técnica. Es una necesidad de primer orden. Una inversión en tiempo, en seguridad, en tranquilidad. Los tratamientos ignífugos están pensados para actuar cuando ya no hay margen de maniobra, cuando el fuego exige respuestas inmediatas.
En estructuras nuevas o rehabilitadas, en viviendas, comercios o edificios públicos, la ignifugación debe formar parte del proceso constructivo desde el inicio. Porque proteger la madera es proteger todo lo que sostiene. Y lo que sostiene, cuando arde, se lleva demasiado con él.
Por eso, si su estructura habla en madera, escuche lo que tiene que decir el fuego… y protéjala antes de que sea demasiado tarde.